lunes, 20 de noviembre de 2017

MAGÜI MIRA. RETRATO A PUNTA SECA

Fue mi actriz favorita durante mucho tiempo y luego, cuando dejó la interpretación, empezó a ser mi directora favorita. En su más reciente montaje Festen  cometí la osadia de titular, Magui Mira roza la perfección. Obra cruda, sobre el abuso infantil en la familia,  con un magnífico reparto y  Clara Sanchis en plenitud.
Bienvenida a esta sección Retratos a punta seca o si se quiere, Retratos al pastel, en la que ya han aparecido actores y actrices de mi predilección. Javier Gutiérrez, Casablanc, Marta Poveda, Luis Bermejo, Israel Elejalde, Aitana, Irene Escolar… Aparecerán otras/os. Podría titular también Retrato al vitriolo, pero ese título me lo reservé para mí: quien quiera saber qué idea tengo de mi persona, del teatro y de la vida, que vienen a ser la misma y única cosa,  puede comprobarlo en  el retrato que sobre mí mismo, esbocé en diariodejaviervillan.blogspot.com
Primer recuerdo de Magüi; Molly Bloom, hace muchos años. Ulises, de Joyce tórrido,  incandescente, dirigido por Sanchis Sinisterra. Maguí Mira en plenitud de su belleza y  potencia actoral. Luego la recuerdo en  La señorita Julia, demoledora.
Posteriormente se reveló como una directora en posesión de todos los recursos del oficio; sensibilidad y pulso hasta llegar a Festen ya aludida. Excelente directora de actores y actrices, advierto en ella una virtud máxima: no imponer al elenco su propio estilo, que solo se concibe en ella misma. Sin exageración, apunto una profecía. Lo mejor de Magüi está por llegar. Le escucho dialogar con su primer marido, Sanchis Sinisterra, y parece que fueran los mismos de aquel incendiario monólogo de Molly Bloom.

  

domingo, 19 de noviembre de 2017

HOMENAJE A IGNACIO AMESTOY

Salutaciones para Ignacio Amestoy por el homenaje que le ha tributado  la Universidad de Navarra de la que fue alumno ejemplar. También lo fueron PedroJ Ramírez, que me repartió  mucho juego en El Mundo cuando ni siquiera me dejaban chupar banquillo en ninguna parte.   
 De la Universidad de Navarra procede también  Manuel Hidalgo, cuya sombra benéfica  percibí  siempre en el Mundo. Tan benéfica  que he llegado a firmar en el periódico unos 6.500 artículos más o menos. Y los que me quedan,  mientras quiera  Francisco Rossel.
Amistad y admiración por la sagrada familia: Ignacio, Esperanza D,Ors,  una gran escultora por encima de tópicos, personalísima. Tanto en la escultura monumental y pública, como en la más íntima y recatada. Y  Ainhoa, teatrera  de muchos registros.
Amestoy es un ser generoso; el juicio positivo, el elogio que no escatima, la sobrevaloración de los méritos de los amigos. Su amistad es una terapia para espíritus deprimidos. Es periodista, director de periódicos y articulista, reportero y entrevistador sagaz. Y  es autor dramático. El teatro, la poesía  son compatibles con al periodismo. Basta con situar cada cosa en su sitio, a su tiempo y sin confundirlos. Juntos, pero no revueltos. Amestoy domina los entresijos burocráticos y organizativos, la dirección, el instinto caníbal del periodismo; y la infinita curiosidad por todas las cuestiones que “acontecen en la rue”. Magisterio.
Madrid, centro universal del teatro.
Formidable onda expansiva  de teatro en Madrid. Kamikaze por un lado, el Festival de Otoño y los habituales del circuito convencional, por otro. El Festival de Otoño se ha inaugurado con un espectáculo refinado, esencialmente plástico y visual, Missing, de Amit Lahav, por Gecko, la compañía de renombre universal. Teatro físico, se autodefinen; teatro físico y de gran belleza plástica. Para festivales. Extraño eclepticismo entre el Zorongo Gitano, Lorca, Camarón y las contorsiones de los actores. Y marionetas gitanas: “soy gitana y no lo niego y  llevo sangre de reyes en la palma de la mano”.
 Y Denise.
Los enigmas y el dolor de Despeiroux en la Sala Margarita Xirgu: Un tercer lugar. Denise en estado puro. El dolor, pero nunca el lamento; los enigmas de amor o de amistad heridos. O traicionados. Sombrío texto, luminosa dirección. Y excelente interpretación de Jesús Noguero, Vanesa Rassero, Giovanni Bosso, Sara Torres, Pietro Olivera, Lorena López. Noguero en un papel complejo que le exige muchos cambios de registro: la frivolidad seductora. Y el desgarramiento, cuando recibe una carta que nunca hubiera querido recibir. Un verdadero gozo ver y escuchar a estos artistas.
Magui Mira
En el próximo post, retrato a punta seca de Magüi Mira. Una personalidad tan rotunda requiere mucho esmero en su retrato. La admiro, como admiro a Emilio Hernández, su marido.; bueno, un poco más. Podría hacerles un retrato conjunto, pero prefiero diferenciarlos. En su último montaje, Festen, una obra cruda sobre el abuso de menores en familia, me atreví a afirmar “Magüi Mira roza la perfección”. Después seguiré con Sanchis Sinisterra y Clara Sanchis, que de Kamikaze se ha pasado al Galileo con su Virginia Woolf. Ignoro las causas, pero el Ambigú, el lleno lo tenía asegurado. Galileo es también templo de mi devoción, pero llenarlo es más difícil. Hay familias que dan para mucho. Y pronto mi retrato de José Monleón, el padre de todos nosotros.
El dia 23 cuatro  estrenos.

 A cual, mejor. Están suficiente anunciados en este blog.  Elijan ustedes entre dos entremeses de Cervantes (Ernesto Arias) en la Abadia,. Casa de muñecas, en el Fernán Gómez. Democracia en el Valle Inclán. el Vania de Rígola, con Irene Escolar y Luis Bermejo, en el Canal. Este suscita en principio especial interés. Veremos. Ochenta espectadores en una caja. Para bien o para menos bien Alex Rígola nunca deja indiferentes.

martes, 14 de noviembre de 2017

FORMIDABLE ANA WAGENER EN COCTEAU


Ana Wagener es una gran actriz, una de las actrices de mi devoción, como le gusta decir a  Israel Elejalde cada vez que mis críticas se centran en alguna interpretación sobresaliente. Ciertamente, tengo admiraciones,  devociones y veneraciones. Viene a esta sección Retratos a punta seca con todos los derechos, sin privilegios. A no ser el privilegio que le otorga la coincidencia de haber vuelto al Ambigú de Kamikaze con La voz humana, de Cocteau.

A la Wagener, la vi por primera vez en el Alfil, con un  espectáculo solo de mujeres con algún texto vinculado, quizá, a Alfonso Zurro. No sé. Estos retratos se me difuminan a veces, de tal manera que bien podrían llamarse retratos de fantasmas, evanescencias, iluminaciones.  Por lo cual, yo creo que lo mejor será recuperar la crítica que le hice  en el Mundo. Hela aquí.

 Hacía tiempo que no veía en un escenario a Ana Wagener. Acaso desde un cruento duelo en la Margaria Xirgu  con Magui Mira, una presa y una carcelera. Acaso en  la Sala  de Arte, algo más liviano, Málaga o algo asi. No lo sé. Desde hace unos 30 años, más o menos, que la ví en el teatro Alfil, siempre he sabido que estábamos ante una actriz grande; sin metáforas ni eufemismos. La verdad, el dolor puro y duro. Y la técnica interpretativa.  No hay arte sin técnica, desengañémonos, y no vale la técnica que no traduzca  el dolor interno. Contradicciones de La paradoja del Comediante. Y el juego, que eso y no otra cosa es Diderot, la libertad del gesto, de la voz, del dolor.

 Es soportable en una actriz el nivel de sufrimiento de una mujer abandonada como la protagonista de La voz humana?. No, yo creo que no lo es sin esa técnica aludida.  Es un monólogo con una voz al otro lado que lo convierte en  diálogo. Es  el terror de hablar con una misma, de buscar culpabilidades propias que exhoneren  culpabilidades del  amante que  acaba de dejarla. 

 Podemos adivinar a través de las palabras,   del  gesto, de las lágrimas,  el pasado y el presente y hasta el futuro de un amor destruido. Las palabras, las circunstancias de dónde está el amado cruel que la abandonó hace unas horas, a quién acaricia, con  quien conversa, cuánto la necesita, cuánto ha dejado de  necesitarla.

Y el teléfono como único hilo de comunicación, el odioso teléfono como argumento,  es aquí un elemento teatral de primera magnitud: sus cortes, sus respuestas, sus silencios. Por primera vez no odio el teléfono en una obra de teatro.  Gran  texto, dirección de pulso medido y exacto de Elejalde,  grandísima interpretración de Ana Wagener que logra convertir un  requiem solitario en una sinfonía del dolor.  Y esa ventana abierta del final al vacío y a la nada".

domingo, 12 de noviembre de 2017

TROYANAS. AITANA, HECUBA JOVEN. ALBA FLORES, DIVINA



Botín de guerra

Un escenario tradicional no es el lugar adecuado para una obra  de tan  colosal envergadura.  El escenario se queda pequeño. Ni siquiera la escenografía de Paco Azorín logra oxigenarlo; dos planos,  el primero para la acción, el plano alto acaso para la reflexión.  Carme Portaceli no traslada mecánicamente el mundo troyano a la devastación del actual de civilizaciones confrontadas. Analogías, las imprescindibles; leves concesiones, complicidades. Eurípides es Eurípides y culpa  más a los hombres  que a los dioses.    Eurípides es un dialéctico y Conejero ha demostrado muchas veces,  encontrarse cómodo en esta filosofía.

 La Guerra de Troya no fue consecuencia de un apetito  de lujuria o un exceso de amor. Fue una guerra de expansión comercial,  nuevas rutas y nuevos mercados.  Helena, (Maggie Civantos) fue un pretexto. Y esta es muy clara en su confrontación con Hécuba: “de verdad crees que la posesión y el deseo de mi  cuerpo ha desatado la  guerra?”

La sensibilidad de Carme Portaceli la aproxima a estas mujeres, botín  de guerra de los  vencedores.  Error que lastra el discurso de la narración:  una Hécuba vigorosa y bella, cuya  edad parece la misma de Andrómaca (Gabriela Flore) su nuera, viuda de Héctor. Falla un reparto que, salvo en Polixena y Hécuba, carece  de consistencia. Aitana  Sánchez-Gijón,   en plenitud física y emocional, se sobrepone con dificultades a veces demasiado evidentes, a ese  contradiós de un reparto inadecuado.

La revelación  nace de Alba Flores, una evanescencia bellísima y sagrada, una faraona de porcelana, hija de Antonio, el genio maldito. Me fascina la estirpe de  los Flores marcada por el genio y la tragedia.   En resumen, no es un espectáculo redondo, pero merece la pena.

 

martes, 7 de noviembre de 2017

AITANA. RETRATO DE HÉCUBA


 Ahijada de Rafael Alberti, nacida en Roma e hija de Ángel Sánchez Gijón, exiliado, traductor de Gramsci y Passolini, Las cenizas de Gramsci. Aitana viene a esta serie de Retratos a punta seca,  por derecho propio y por la coincidencia  de estrenar en El Español, Las troyanas, que pondrá una vez más a prueba su capacidad de trágica, a veces cuestionada por su mítica “frialdad”. Una señora de orden,  alejada  del cuché, guardiana de su intimidad, una señora rara  que solo pierde la compostura para aplaudir y jalear a Asier Etxeandia, su amigo del alma: no es una groupie, en el sentido estricto y variopinto de tan ambiguo término, es una fan.

 En un espectáculo de Asier,  si Aitana está presente, al poco la sala es un manicomio. Lo comprobé  una noche en la Abadia, creo. Y hasta yo, poseido habitualmente por la severidad  del aristarco, me sorprendí  aplaudiendo y poseído por Aitana;  no sé si aplaudía a Asier o a Aitana, quede claro. 

 Yo creo que tiene capacidad para  la tragedia y la comedia y supongo que en ambas se encuentra a gusto. Alberti la tuvo en sus rodillas y Mario Vargas Llosa la llevó en el corazón. Nadie queda inmune, supongo, tras tenerla de compañera en un vis a vis diario sobre las tablas de un escenario una larga temporada

 Su elegancia natural y la seguridad en sí misma, se sobrepone a todo: al recuerdo invulnerable de su padre, a los celos larvados y no tan larvados de Isabel Preysler. El momento cumbre de este laberinto sentimental fue en Los cuentos de la peste, adaptación del propio Vargas sobre el Decamerón. Hasta este momento,  Vargas “había hecho de actor”, que no es igual que ser actor. Su debilidad quedó patente, ante  una Aitana en vena   que disparaba  las palabras  como  dardos. Yo creo que, por piedad,  no aniquiló al Nobel peruano, pero descubrió sus insuficiencias. Cosa, supongo, que no le importó demasiado a la Preysler  que también con mucha elegancia, tragaba quina. Estaba unida al  escritor por intereses  más perdurables  que sus dotes de actor. En cualquier caso, Las troyanas, Hécuba,  es una prueba de fuego para cualquier actriz, tanto más si no ha alcanzado los cincuenta años de edad. Yo creo que ha pasado pruebas peores y ha salido indemne. La crítica, otro dia.

lunes, 6 de noviembre de 2017

NATALIA MILLAN Y JVILLAN, ENEMIGOS ÍNTIMOS


En este país llamado España aún es posible la concordia.  Un ejemplo, Natalia Millán y yo nos llevamos razonablemente bien. Nada tiene que ver su condición de gran actriz, circunstancia en la que todos los críticos estamos de acuerdo. La cuestión son los toros, la corrida. Cuando empecé mis duras e implacables crónicas en el MUNDO, muchos me acusaron de antitaurino infiltrado, un quintacolumnista. Mi conocida afición por las novelas de espionaje favorecía esa presunta clandestinidad.

Natalia Millán es radicalmente  antitaurina y yo llevo escritas unas 3.000 crónicas de toros, o sea que he sido cómplice de  3.000 sacrificios, más los voluntarios a los que he asistido sin necesidad de escribir de ellos. Además de un diccionario taurino, Tauromaquias de unas 400 páginas, que habla de  otras cosas además de hablar de toros.

 Natalia y este bárbaro, que soy yo, podemos discutir de toros sin piedad por parte de ella y con cierta ironía  paternalista, por la mia. Si los políticos fueran capaces de aplicar esta dialéctica, habitual entre aficionados,  España iría de otra forma. Como se ha demostrado estos días en Barcelona, en tiempos ciudad de la paz y de la luz; de Carmen Amaya,   de Peret y de José Carreras. Y  de Los tarantos, película en la que yo hacía de figurante  y les llevaba café  a la gitana de Somorrostro  y a  Gades, “por los campos de España vaga errante   la sombra de Caín”.

Que sea antitaurina no me impide reconocer que es una gran actriz.  En Billy Elliot quizá temiera en mi crónica alguna “venganza torera”; yo sospechaba que toda la crítica iba a serle favorable  y no era cosa de hacer el ridículo por discrepancias taurinas; un torero, por encima de  todo, debe ser sincero  y elegante. Esa es la única forma de jugarse la vida que es solamente suya y no de Dios, circunstancia teológica por la cual Papa Pio V  excomulgó los toros.

 Concluyo este retrato a punta seca; en Billy Elliot, rodeada de sus muchachos, Natalia Millán está “sembrada” que diríamos los taurinos, o sea está “que se sale”. Como  alguno de sus chicos le salga torero, además de bailarín, le da un infarto. Mientras tanto, le recomiendo un panfleto maravilloso que acaso la haga feliz, Pan y toros; oración apologética en defensa del Estado floreciente de España. ¡Va por usted!

jueves, 2 de noviembre de 2017

FERNANDA ORAZI SILENCIO Y LLANTO


Viene Fernanda Orazi a esta serie de Retratos a Punta Seca a propósito de la reposición de Barbados en Kamikaze. (Ver crítica JVillán, el Mundo). Cuando  Fernanda Orazi llegó a España  traía con ella  lo que empezamos a fijar como señas de identidad del mejor teatro argentino:  Tolcachir, Veronese y el último esqueje de la argentinidad, Pablo Messiez. Orazi llegó como un vendaval disfrazado de brisa. Y con la estética y la ética del teatro pobre como equipaje.

 A Fernanda siempre la he asociado a Pablo Messiez. Y considero a ambos   corresponsables de su respectivas evolucionnes hacia la esencia  del teatro. Fuera del ecenario, con Fernanda solo he coinciddo encontrado  una vez y con Messiez,  nunca. Nuestras relaciones están basadas en la pureza del desconocimiento personal y en la impureza  creadora de todo teatro auténtico.

 Una noche en el Matadero antes de que el teatricida de Carmena, don Feijóo, expulsara el teatro de sus dominios perversos. Fue un encuentro fugaz. Había sonado el último aviso, “vos sos Javier Villán qué alegría”, más o menos. Esa sensación de urgencia  permaneció en mí durante mucho tiempo junto a  la fascinación por la actriz.

Mi instinto natural la sitúa en la fugacidad mientras mi inteligencia teatral la fija en la eternidad. La fascinación no tiene porqué ser un  movimiento  espontáneo  del espíritu, puede ser un hecho razonado. Me ocurrió hace poco en Ensayo. Silencio, lágrimas, gritos e histeria en consonancia con los prodigios actorales de María Morales, Jesús Noguero e Israel Elejalde. Silencios, lágrimas. Es una actriz capaz de reir y de llorar a la vez y de estar callada. A ella y a Tomé les hice una magnífica crítica en Barbados, hace muy poco; quiero decir una crítica favorable. Vayan a ver la función Comprobarán que no he exagerado nada.