martes, 19 de septiembre de 2017

LUIS BERMEJO Y LA CRITICA. RETRATO


Un profesional de  gran carisma en el actual panorama español: autoridad, respeto. Luis Bermejo no es un estrella;  agobiado, nervioso, sin parar. Su carisma es parecido al de Javier Gutiérrez, Willy Toledo,  Alberto San Juan,  Nathalie Poza. O sea la vida, el teatro insurgente, el Teatro de Barrio. Carismático, pero no mediático. Puede que nadie  le pida  una entrevista ni antes  ni después  de un estreno.  Es un actor cuya   forja no admite marcha atrás. Y le gusta la crítica incluso la del dia del estreno, función muy condicionada, piensa él, por la presencia de amigos y familiares Que le guste la crítica debe de ser porque la crítica siempre le trata bien. Depende, en Barcelona nos pusieron a parir.  Y hace poco un crítico que se llama Javier Villán dijo de mí en El Traje que había que ser muy actor para estar a la altura de Javier Gutiérrez; eso es un elogio, claro, porque Gutiérrez es un grandísimo actor; pero ya establece una jerarquía.

Con Luis Bermejo siempre me ocurre algo. O le cambio el nombre o me confundo de obra. Pero nunca le he  puesto a parir. Le gusta la crítica porque dice que aprende de nosotros. A veces, hace tiempo, me he quedado en la calle esperando los periódicos ya no, porque ninguno sale al dia. Pero madrugo para leeros.

Como con Bermejo siempre me ocurren cosas,  tomo nota de a fugacísima charla. Agobiado, angustiado, el dia del estreno y otros días. Se viste de domingo como en los pueblos los días de fiesta,  traje, zapatos.  Se mira al espejo y se encuentra bien.  “Elijo sobre todo el después, con quien charlar después la función, la gente que me acompañará a  tomar unas copas a comentar la la obra; claque no, no me gustan las   claques, me gusta la controversia, los interesados en la esencia y la naturaleza del teatro. Los que siguen mi teatro”. De la crítica lee todas, las favorables,  la desfavorables y las ajenas y aprende de todos  aunque tiene sus preferidos,  sus escritores a los que sigue tanto por sus juicios como por loa calidad de su prosa. Lee también las críticas ajenas. “Si el dia del estreno los periódicos de papel salieran  a la hora del chocolate en San Ginés, me gustaría discutirlos”.

viernes, 15 de septiembre de 2017

SARA MORALEDA Y SU RETRATO A PUNTA SECA


 

O al pastel?
El vínculo con el que desde hace un tiempo uní a Sara Moraleda, actriz, con el resto del arte  ha sido  siempre Frida Khalo. Frida y el dolor, Frida y la fuerza de la vida y la capacidad creativa. Vestida de tal y ante la casa de Diego Rivera me envió un dia una fotografía. Había mucha alegría en esa foto. Y cierto dolor como si Frida Khalo presintiera ya el piolet de Mercader apiolando la montaña sagrada de una cabeza especial a la que Stalin había puesto precio. Siempre que volvía de Méjico se presentaba por el café de Gijón y luego los camareros y Pepe Bárcenas me decían ha venido una chica guapa y rara, peinada de una forma y extraña y te ha dejado recuerdos. Yo les preguntaba si venían con ella Trotsky y Diego Rivera y me decían pues no sabemos quién era pero era un elemento antipático que no nos cayó bien.   Vestida de Frida se presentó en la gran fiesta del Premio Miguel Mihura que ganó Beatriz Argüello.

La conocí en un Valle Inclán, en la mesa de las Pingüinas, que esperaban a Fernando Arrabal porque habían trabajado en su obra  sobre las mujeres de Cervantes dirigidas por Pérez de la Fuente. Se me acercó acompañada de María Hervás, a quien yo  conocía de Confesiones a Alá, y me dijo: “Soy Sara Moraleda, siempre has escrito bien de mí”. Ahora ha vuelto de México sin Trotski y sin Diego Rivera. En alguna ocasión hemos maldecido juntos la traición de Siqueiros, acaso el más grandioso muralista mexicano y un estalinista  execrable. El ametrallamiento de la casa en que vivía refugiado Trotsky  forma parte de la historia universal de la infamia, historia que debe asumir todo el movimiento comunista lacayo de Stalin por entonces, el gran zar rojo y asesino...

México esta vez tengo, la sensación de que le ha producido a Sara Moraleda más pesares que gozos. Lo he notado cuando, camino de Mérida o Almada, paso por Talavera de la Reina donde se refugia. Ahora está en  Luchana, en   Don Gil de las calzas verdes. ¿Quién dijo que los clásicos eran aburridos?. Moraleda, Ernesto Arias y yo hicimos el año pasado por Cervantes y sus geniales intereses más que el Instituto del mismo nombre y la Academia de la Lengua juntos. Elegíamos un entremés, yo resumía el argumento y los tres, constituidos en jurado, premiábamos a los acertantes.

 Ernesto Arias

lo ví el otro dia en el Galileo haciendo en La duda, un cura bondadoso frente a una demoniaca monja, la hermana Aloysius encarnada por una odiosa  Carmen Conesa. Hay personajes que marcan y de haberme encontrado por la calle a la Conesa la hubiera escupido a la cara. Complicada obra sobre la fe, la calumnia, la pederastia, la intolerancia, con la coartada de dios y la virtud al fondo. Un texto durísimo  de  Jhon Patrick Shanley. Además de esos dos personaje enfrentados están  la monja joven, hermana James,   y la señora Muller (Marta Wall)  madre de un niño de tendencia homosexual al que elpadre maltrata por ello.

 La hermana Aloysius es una monja que nada tiene que ver con la monja capillera de mi libro Sin pecado concebido, a la que un dia, sin querer, le toqué el culo en la sacristía y desde entonces me daba más vino de consumir y algún bocata que remediaba la precaria dieta del seminario. Mi monja capillera era de una  piedad más parecida a la hermana James.

 La sospecha de pederastia que la monja mala arroja sobre el padre Flynn me recordó El principio de Arquímedes, áspero texto de Josep María Miró que vimos en la Abadía magníficamente interpretado; un monitor de natación acusado de acariciar  a  un alumno con temor al agua; en consecuencia un abusador.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

NOCHE CUMBRE EN KAMIKAZE


El arte de ser actor.

Ecos de Durrell, Cuarteto de Alejandría. María, Fernanda, Jesús, Isra. Ecos digo, no identidad; porque estos cuatro personajes no son la pintora Clea, mi favorita, ni Justine, la fascinante libertina que acaba en un kibuzt israelí, perdida su belleza; ni Baltazhar, ni Mountolive. Vuelvo a Durrell. Solo por esto, eterna gratitud a Pascal Rambert, cuya exégesis y laudatio hizo Jordí Buxó. Acabó nombrándolo “artista residente”, protector de Kamikaze, alma y cuerpo de Kamikaze; una especie de unión hipostática. Al parecer, a partir de ahora Rambert sólo escribirá para Israel Elejalde. Israel ha demostrado poseer muchos registros y es difícilmente encasillable. Como Fernanda Orazi la deliciosa argentina, a la que siempre asociamos, por lo menos yo, con Pablo Messiez, una divinidad del teatro, superadas las iniciales e inevitables comparaciones con Veronese y Tolcachir. Como considero a los argentinos excelsos comediantes, incluso a  poetas como Teuco Castillo y titiriteros como su hermano el Guaira, no tengo inconveniente en declarar la excelencia de Fernanda Orazi; Fernanda es la argentinidad. Como Israel, aunque no sea argentino, es la excelencia.  Y a partir de Ensayo, la excelencia son tambié María Morales y Jesús Noguero.

 Teuco es un gran poeta, lo cual no va a evitar que cite una de las frases que más me impresionó de Ensayo: “Los malos poetas suelen ser buenos verdugos”. Verdugos de la palabra, me imagino que quiere decir Rambert. Porque la palabra, en grado sumo, es el arma de un excelente escritor que desconoce los mecanismos elementales del teatro. Y el teatro es más que palabra; es también, y acaso sobre todo, intérpretes. Como los citados.

lunes, 11 de septiembre de 2017

RETRATOS. MARTA POVEDA


El lugar del miedo  

Estrena en La Comedia el 5 de octubre La dama duende y, aunque parece segura de sí misma y es una actriz energética, puede que en sus ojos estén apareciendo  ya las flores moradas del miedo. Quizá lo atenúe el hecho de que ya lo estrenó en el Festival de Almagro. Pero miedo es la primera palabra que se le ocurre a Marta Poveda ante la inminencia de un estreno. Y después, la preocupación de buscarle su lugar al miedo porque éste  tiene   su sitio sus razones, sus causas. Halladas  las causas  de ese temor, me confesó un dia,  estas pueden convertirse en un factor creativo.  La precisión, el nervio exacto de una interpretación es   parte de su conciencia de actriz. Nada puede quedar al albur ni a la improvisación. Más tarde podrá permitirse alguna pirueta, algún virtuosismo.

 Sus estados emocionales los somatiza intensamente. Todo su cuerpo es palabra, palabra viva.  Un poco de sufrimiento tampoco viene mal, esta escena se me va a escapar, se la voy a estropear al autor y al autor hay que tenerle mucho respeto y a  los compañeros hay que tenerles mucho respeto.

Responsabilidad, esa es la palabra exacta. Inseguridad hasta que pisa la escena Al escuchar la palabra sufrimiento pienso  en el libro de Dom Richardsom  Interpretar sin dolor, que cambial los postulados de Strasber. No es muy partidaria  del Metodo me parece deducir cuando afirma que el teatro es un trabajo de amor, un trabajo colectivo. Y un fallo personal no puede arruinar el trabajo de los demás. La función, especialmente el dia de estreno, es también un despojamiento del ego, del superyó que en teatro  asalta a veces al intérprete,  una función no es   solo  mía, es de todos; la gente no va a estar pendiente solo de mí. La función está hecha, está integrada. Pero das en pensar que le falta el hilván, el bordado, a tu personaje le falta esa segunda alma que tú le das sin que se note, sin que chirríe.

 Por qué tiene que haber una noche de estreno? El estreno lo tememos los intérpretes,  es el peor dia de la función, la cosas no pueden salir bien,  aunque los aplausos estén asegurados. Nunca salen bien, es lo más provisional del mundo, el peor dia para juzgar una función, para juzgarte a tí misma por muy trabajada que creas que la tienes.  Lo más probable es que el personaje vaya por un lado y la actriz, aunque esté muy brillante, por otro. Aún no se ha producido la fusión divina entre la dos naturaleza; personaje e intérprete. (Próximo capítulo Luis Bermejo)

sábado, 9 de septiembre de 2017

LA FARÁNDULA;RETRATOS AL PASTEL RETRATOS AL PASTEL. UN AÑO KAMIKAZE


Pórtico acaso innecesario, pero oportuno

Quién iba a decir hace un año, cuando empezó Kamikaze, que la máxima aspiración de toda actriz  iba a ser el ambigú. O la  Sala Grande. Por el proyecto  de Elejalde, Aitor, del Arco y Jordi Buxo han pasado Carlota Ferrer, Irene Escolar, Ana Wagener, Fernanda Orazi, María Hervás, Clara Sanchis, Mamen Camacho etc.. El Pavón es el Pavón, por supuesto, pero el Ambigú es el templo de mi idolatría, esas actrices de mi devoción y de  mi adoración pagana. Larga vida al PavonKamikaze, ahora que el teatricidida del Matadero que fue esencia de buen teatro, don Feijóo creación de Carmena (¿recuerdas, Manola, a Manolo y Lola a las 11 en la plaza de paja?) ha decidido que Arrabal y Max Aub son teatro muerto y les ha quitado sus salas. El martes en Kamikaze se estrena ENSAYO, montaje que amenaza con ser la “más alta ocasión que vieron lo siglos”. Y otros estrenos de importancia. En resumen, Madrid capital del tearo que, es tanto como decir; Madrid capital de la gloria

Retratos al pastel, grabados a punta seca

Empiezo a recuperar una serie veraniega y ya otoñal, sobre  actores y actrices que se me fue al  carajo en el proceloso mes julio. Ya no será lo mismo, pero el material que reuní todavía es válido. El serial no tendrá periodicidad fija, será muy personal e incluso arbitrario que es como me gustan a mí las cosas. Se llamará Retratos al pastel. Y en algunos casos  Grabados a Punta Seca. Es de justicia que comience con aquellos a los que más he incordiado, Marta Poveda, de cuya paciencia abusé hasta la impertinencia y Pedro Casablanc con el que siempre estaré en deuda por su colaboración en el Premio Mihura.
 Habría sitio también ocasión de Sara Moraleda, siempre que regresera de México acompañada de Frida Khalo, Trotsky y Diego Rivera, pero ha vuelto sola con sus pesares que alivia en Teatros Luchana con una comedia de Calderón, Don Gil de las calzas verdes,  que habré de ver un dia de estos.

 Los gozos que Casablanc  me proporciona como actor son punto y aparte. El punto de partida era  el estado de ánimo de un intérprete los días previos al estreno. Me dí cuenta de que era el mismo, más o menos, que cualquier otro dia. Así que he tirado por la calle de en medio y escribo con rigor, pero sin realismo periodístico. Con ustedes,  Pedro Casablanc.

Estudió Bellas Artes y es un magnífico dibujante. Y diseñador de objetos. A él se debe la pequeña escultura de metacrilato con que el Español y el Café Gijón  premiaron a Beatriz Argüello  ganadora del Miguel Mihura. Nada de lo que yo creía cuenta especialmente un dia de estreno, ni siquiera  unos trazos para distraer el tiempo, cada cosa tiene su momento. Los años  lo  han hecho escéptico pero no indiferente. Recuerda un respuesta que le dio  Richard Burton a un periodista qué le preguntó que hacía  antes de entrar en escena; “dejar el cigarro en el cenicero”. 

 Desde que está en esto ha representado una y a veces dos obras de teatro al año. Así que a estas alturas pocos rollos. Reconoce  el espacio que va  ser parte  de su vida durante  unos días.  En el camerino  le gusta estar en completo silencio  antes de salir a escena. O donde echar una cabezadita o dormir una buena siesta. Pocos camerinos  tienen cama.  Antes intentaba por todos los medios encontrar los resortes misteriosos de eso que llaman concentración, pero nunca ha sabido muy bien en qué concentrarse. Un poco de calentamiento corporal, una tabla de calistenia japonesa o unas carreras por el escenario ayudan a tonificar el cuerpo.   Teniendo en cuenta que la partitura debe estar muy ensayada uno no puede ponerse a pensar en que le va a devorar un tigre, o se va a  enamorar de una amazona, Intenta que arte y naturaleza sean en el escenario la misma cosa, como dijo Goethe.  Hace años, el día del estreno, dormía mal, sentía un estado de nervios permanente. Ahora lo importante es llegar descansado  Porque el teatro requiere energía y procura volver a leer la obra entera, el ejercicio de la memoria es fundamental, memorizarlo  todo. Ley sagrada: sólo si  te despreocupas del texto que tienes que decir saldrá de ti como si lo estuvieras creando en ese momento”. (Próximo capítulo: Marta Poveda) 

 

 

miércoles, 30 de agosto de 2017

SHAKESPEARE Y LOS ENREDOS DE CARLOTA


 

Shakespeare enredado y desternillante

Primera sorpresa; un Javier Ortiz que triplica personaje y se convierte en la columna vertebral de la función; duque, abadesa, guardia. Y algún secundario menor.  Aprovechen ustedes este fin de semana para ver en el Bellas Artes un enredo monstruoso y desternillante que Carlota Pérez Reverte ha tejido en torno a Shakespeare y la célebre Comedia de los errores. La Pérez Reverte no deja títere con cabeza. Shakespeare visitado y revisitado, del derecho y del revés.  Respeta Reverte el espíritu de Shakespeare relativamente, aunque ella lo afirma. Segunda sorpresa arriesgarse con la vena radicalmente humorística hasta el exceso de don Wiliam.
 Dos gemelos pueden dar mucho juego de equívocos y errores; se atribuye a uno lo que ha hecho el otro y a la viceversa, que diría Paco Umbral. Eso está conseguido al máximo  y más si hay por medio una esposa un poco  tonta  con una hermana muy guapa a la que trata de seducir el otro gemelo, no el cuñado. Gran escándalo pues el juego y la doble fisonomía aún no se ha descubierto.
El elenco, eficaz con una obra muy rodada que vienen representando hace tiempo y que ahora llevan de gira durante septiembre por el mapa español.
Véanla ustedes, sólo quedan hoy y mañana, véanla a   ser posible los dos dias. En tiempos de tribulación hay que reírse lo más posible. Buena versión que cumple los objetivos previstos. Y un Javier Ortiz sorprendente en sus varios cometidos.


Una década en soledad
 Querido Paco
El suceso de tu muerte  no fue un hecho insólito, todos hemos de morir un día cualquiera; pero siempre me sorprendió que murieras en la misma fecha, más de medio siglo después, en que Islero de la ganadería de miura, matara  a Manolete. Detestabas los toros, como Larra, como Jovellanos y como toda la Ilustración, como el 98. A Alberti, Lorca y, sobre todo Gerardo Diego, autor de un gran libro La suerte o la muerte, les gustaba la corrida. En España todos los ilustrados han sido antitaurinos.

 Manolete, sin embargo, ejercía en ti una rara fascinación; que un toro hubiese matado al símbolo de las dos Españas y su único lazo de unión,  además del hambre,  no podía por menos que suscitar tu interés.

Además Manuel Rodríguez era un transgresor, un subversivo. Su subversión se llamaba Lupe Sino, una cabaretera adicta en la guerra a Cipriano Mera, según cuenta el Pipo en su libro sobre sus andanzas de pescadero y marisquero tras Manolete y el Cordobés. Manuel Rodríguez, reo de escándalo. Camará y Alvaro Domecq, dos canallas que le expoliaron, eran su conciencia estricta, nacional católica y franquista. Sin interesarte los toros, coincidías con Blanco White en que el mal de España no es la corrida, sino “religión y mal gobierno”.

Un día te llevé a las Ventas a una corrida de la Beneficencia, creo, y te marchaste   en el primer toro tan pronto el picador empezó a hacer picadillo el morrillo de animal. Había otra razón, además de la puramente animalista, que me confesaste. “Aquí eres más famoso que yo, estos bárbaros te admiran más que a mí y te piden que les firmes la crónica del Mundo. No te hagas ilusiones, no creo que te entiendan”.

 Ahora hace 10 años, Manu Llorente me encargó tu obituario; “el jefe quiere que lo escribas tú”. El jefe y él, que me lo había encargado hacía dos semanas, con sombría y temerosa previsión, y lo teníamos incluso maquetado. El jefe, tan parco en elogios, declaró modélica la necrológica y digna del Times. Naturalmente me sentí orgulloso aunque fuese a costa de tu muerte. Empezaba a tener pasarela, carencia de la que me acusabas con frecuencia: “Queridoooo, te falta pasarela. Aprende de mí”. Todo lo aprendí de ti sin llegar a tu excelencia, menos a hacer pasarela. Y hoy es muy tarde.

 Me he quedado cojo como Quevedo, lo único que me ha legado el jodido estevado, sobre el que mi madre, temiendo no sé qué infortunios, me decía cuando dejé la aldea de Palencia, Torre de los Molinos, “hijo que no te pase lo que a Quevedo”. Adorabas a tu madre la republicana del Ayuntamiento de Valladolid y esta devoción de la mía, la señora Rosario, por Quevedo y por mí, te conmovía. Murió mucho antes de que tú fueras Paco Umbral y también te hubiera querido de haberte conocido y más con los artículos que escribías sobre mí, que eran la envidia de toda la redacción de El Mundo.

 Una tarde de 1972 o 1973 entré en el Gijón con un libro de versos bajo el brazo y me fui directamente a tu mesa. Ramón Pedrós me había ofrecido publicarlo y yo quería que tú le pusieses el prólogo.  Creo que era un otoño benéfico y te pasaste el dedo índice entre tu cuello y el cuello cisne del jersey. Me miraste y dijiste date una vuelta hasta Colón o tómate un café en la barra yo te invito. Me tomé un vino sin quitarte ojo, hasta que me hiciste una seña cuando llegó Cristino Mallo. Dijiste te haré el prólogo. Nunca podré ponerme a la altura de ese glorioso texto. Y así hasta hoy, 10 años después de tu muerte. Nadie ha podido superar tus columnas. Ni muchos de tu centenar de libros. Nadie hemos sido capaces  de dilucidar en plenitud tu escritura total.

 

sábado, 26 de agosto de 2017

LA MÁS BONITA; Y SE ACABÓ


 Belleza irregular de un alma hermosa.
Descubrí un dia un avatard en el que había una muchacha de inusual atractivo y no por su belleza física. Pese a tener a su izquierda una mujer de notable belleza y a su derecha una mujer no demasiado guapa, pero que la superaba en todo, la muchacha del centro irradiaba un extraño carisma;  la hermosura del alma que solo una mirada cómplice y piadosa puede descubrir. Sigo contemplando de vez en cuando esa fotografía de las tres mujeres y no es la mirada bellísima, y un poco triste como siempre,  de la actriz notable, la que me fascina. La muchacha de la mirada irregular me dice tantas cosas, es un  discurso tan puro  que desplaza todo lo demás. En ocasiones me parece que sonríe con una sonrisa resplandeciente y sé  que ella sabe que yo la comprendo. Y que la amo. Y que las dos mujeres que la acompañan nunca la desplazarán, antes bien protegerán esa belleza distinta en la que no todo el mundo es capaz de fijarse; sólo los privilegiados. Es la más sublime y ya está: que nadie ose dudarlo.

La alfarera prodigiosa.

Al fin me he rendido a la tenacidad de Borja Ortiz de Gondra. Ciertamente, la Alfarera Prodigiosa no es un personaje de mi invención, sino un personaje real. Sus viajes y aventuras, su predilección por las islas polinesias  y por los amantes que sufrían por ella, mi obligó a considerarla invención para no perderla del todo. Siempre preferí un sueño de mujer a una pesadilla, una mujer posible a una mujer lejana e inalcanzable. La Alfarera Prodigiosa está en Madrid, admirado Borja Ortiz de Gondra.

 Mas como si no  estuviera. Yo aún no he podido verla por culpa del maldito sacro, que ya empieza a soldar. Se prodiga  por el Ambigú de Kamikaze a sus anchas porque nadie la conoce y yo no la delataré ni romperé esa paz que ha alcanzado en el anonimato. Hasta qe podamos organizarle una exposición de sus alfarerías y sus autorretratos de cuerpo entero en una galería de postín.

Amigo Borja, tienes la verdad pero no tienes el conocimiento. Y no lo tendrás pues solo la Alfarera y yo sabemos el secreto. Por cierto ¿cómo va tu proyecto sobre Los otros Gondra?. Cómo sienta la gloria de ser reconocido en el propio pueblo del que hubo que huir por miedo y recelos, acaso infundados, de la gente?. En mi aldea de Torre de los Molinos (Palencia)  me han dedicado la plaza en que viví y en la capital, Heliodoro Gallego, alcalde socialista, me puso un paseo junto a las huertas del rio Carrión. Siempre que voy por allí, me hago una foto. Cerca, Juan Antonio Bardem tiene una calle en recuerdo de haber rodado aqui  algunos planos de Calle Mayor que luego suprimió del montaje.

Marylin por siempre.

Y no hay más mujeres, aunque algunas quedan dignas de mención y recordatorio. Creí haberle perdido la devoción a Marylin. El dia seis de agosto las redes se incendiaron con el recuerdo de su muerte, “accidente, suicidio o asesinato”. Truman me aconseja desde ultratumba que olvide la cuestión. Pero que le parece muy bien la idea futura que expresé la noche del Premio Miguel Mihura de destacar a la actriz española “más Marylin”, la más adorable.

Lo divertido que puede ser un Bella, Ciao

Últimamente con motivo de un diálogo de encargo (Camus/María Casares) he tenido que familiarizarme con la vida de la eminente actriz, amada del premio Nobel. Me imagino un diálogo de despedida entre dos partisanos ilustrados y al entonar el Bella Ciao, Ciao Ciao  me sale una sonrisa melancólica. Y orgullosa, todo hay que decirlo. En Olmedo un año ví un montaje de La posadera, en el que los cómicas cantaban ese adiós partisano.  Emocionado, le puse un correo  a una amiga, que creí me había olvidado, y lloró porque creyó que era un adiós definitivo. Aún hoy sigo partiéndome de risa. Y de orgullo.
Lo que supongo un adiós definitivo es el de Frida Kalo , otra mujer eminente. Tengo noticias confusas de Sara Moraleda. Y, por lo tanto, confusas noticias de Frida. Frida y el dolor y la pasión y la poesía.  Solo digna de Rivera y más aún de Trotsky. Maldito el piolet de un stalinista; Ramón Mercader. 

sábado, 19 de agosto de 2017

HIJOS DE LA GRAN PUTA


Terror en las Ramblas 
Ha muerto un hombre, han roto un paisaje.  El paisaje de Canaletas, de  la Boquería. Canaletas en escombros y la sangre me devuelve una imagen no sé sí fantasma de hoy o materialidad de hace 40 años. La sonrisa de una novia, que apenas lo fue pues tenía otro novio con el que pensaba casarse. Y un teléfono ensangrentado que no me permite llamar a la Alfarera Prodigiosa para informarle;  Gracias Hijos de la Gran Puta, por devolverme esos labios y esa risa y a la Alfarera. Canaletas, la fuente del milagro, el corredor de la muerte Hijos de la Gran Puta.

 Las Ramblas fue mi segunda patria. Rambla de los Estudios, Rambla de San José, Rambla de  las Flores, Rambla de Santa Mónica hasta llegar al puerto,  y la estatua del facha franquista de Cristóbal Colón señalando América. Cada Rambla un recuerdo, pero ninguno como Canaletas mártir, la risa, el beso, la mariposa leve de sus labios leves de una novia leve que no llegó a serlo. El sobresalto por si la Alfarera andaba por allí sin sus prodigios. Y de golpe, José Agustin Goytisolo, “conozco el soplo de tus labios mojados”.

En las Ramblas han matado un paisaje y muchos hombres y entre ellos a Pepe Carvalho, el detective comunista de la CIA y a Manuel Vázquez Montalbán, clientes del Mercat, y su educación sentimental y las canciones de doña Concha Piquer,  la actriz de la copla.

 Volveré  a recorrer ese  kilómetro que fue mágico y  hoy es el horror, hasta el puerto pensando, con miedo, en tantos paisajes rotos, tantos hombres muertos y para nada. Porque este crimen no cambiará el signo de la historia. Llegaré hasta el puerto sabiendo que Montalban y doña Concha nunca creyeran que  ese puerto era el del marinero de Tatuaje.  Compraré rosas en la Rambla de la Flores, sin  saber a quién regalárselas, aunque sí, está esa sonrisa de Canaletas, la sonrisa de una novia que no lo fue, acaso mi primer Alfarera. Volveré a Canaletas para dejar las rosas ofrenda imprevista pues  la barbarie se presenta sin avisar.

Uno tiene un sonrisa, un rostro,  una noche de jazz en la Plaza Real en el Jamboree con Tete Montoliu que desde su ceguera nada de esto entiende. Y Canaletas, siempre Canaletas. Me pararé frente al Liceo, esperando, con la boca abierta por el asombro como antaño, la salida de  la gran gente importante, la procesión nocturna de los elegantes enjoyados. Y tomaré Conde Asalto y me pararé en la Bodega Bohemia y tiraré hacia el Raval llamándole a gritos a Pijoaparte. A Juan Marsé, son tantos los muertos y el horror y los caidos, que se le olvida que es el autor de una novela memorable, Si te dicen que caí y solo se acuerda de La muchacha de las bragas de oro, que a lo mejor es esa chica de la sonrisa de Canaletas, la que pudo ser mi novia y no lo fue. Literatura, todo literatura. A la mierda la literatura. Y las elegías. Hijos de la Gran Puta, eunucos. No habrá harén donde podáis hallar cobjo.

viernes, 18 de agosto de 2017

JARDIEL PONCELA, TINTO DE VERANO


Cuatro corazones con freno y marcha atrás.
Como un tinto de verano, la refrescante bebida del estío. Típico espectáculo de las noches de Madrid, esta maravillosa ciudad del ferragosto de la que  en verano solo y como decía el humorista Tono  es Badem Badem a condición de estar  solo y con dinero. Ignoro la circunstancia vital o social de quienes estos días van a ver Cuatro corazones con freno y marcha atrás, pero lo pasan en grande. 

Un Jardiel ligero y una dirección a tono con el Gabriel Olivares apuntala en su profesionalidad su hiperactividad un poco restringida últimamente. Nada tengo en contra de esa hiperactividad, salvo que en ocasiones le falta el acabado, el remate. Pero todo lo suple con profesionalidad y oficio, que es lo que exige este Jardiel que tampoco se esmera demasiado.  Dice un personaje “me va a dar algo, denme algo o me va a dar algo”. Es la amenaza de  un soponcio inmediato  No es una muestra de humor refinado, pero la gente se parte de  risa.  Gabriel Olivares se mueve en un terreno propicio, con terreno escénico y extra escénico a su disposición. Cuenta con un amplio elenco experimentado y también eficaz que ha asumido el espíritu de Jardiel Poncela y la técnica  del director.

Por culpa de ese objetivo de divertimento exclusivo, quizá se pierda la capacidad subversiva, la rebeldía consustancial a Jardiel Poncela y cierto espíritu corrosivo de Cuatro corazones con freno y marcha atrás; el cual no es excesivo, pero sí superior al que demuestra Olivares.

 La disposición de un escenario a cuatro bandas facilita la conexión con el público que entra en la funcióncomo si formara parte de la misma. En resumen, un espectáculo de verano que  va a animar las noches de Madrid. 

 

 

jueves, 17 de agosto de 2017

LA GENERACION DEL 27 EN SOTOGRANDE


GOLF,TEATRO Y POESÍA

En Sotogrande no solo se juega al  golf,  juego contra el que nada tengo, aunque sea incapaz de distinguir un bogey de un albatros. Este semana Antonio Garrigues y su gente han hecho celebraciones en torno  a la Generación del 27, que es la columna vertebral de la poesía española del siglo XX. Y de otros siglos. Un nuevo Siglo de Oro en torno a Góngora y de refilón a su enemigo Quevedo.  Escribí a Garrigues pidiéndole el papel de Luis Cernuda que  para mí,  crece y crece cada dia. Recordar a la generación del 27, en una etapa histórica en que cunde al analfabetismo y un alcalde ágrafo de Sabadell quiere quitarle la plaza a Antonio Machado,  del 98 señor edil, me paree un acto patriótico. No me gusta invocar el patriotismo porque recuerdo  Stanley Kubrick en  Senderos de gloria: “el patriotismo suele ser el último refugio de los canallas”.  

Luis Cernuda es posiblemente  el único poeta maldito verdadero de la poesía española: el solitario, el dandy. Leopoldo María Panero es un maldito gestual de tono menor. Mi modelo de malditos con todo sigue siendo Rimbaud, que nada tiene que ver con la Generación del 27, salvo que el departamento cultural de quienes  han acusado a Antonio Machado de españolista retrógrado, diga lo contrario.

Garrigues ha hecho un guión denso con pleno conocimiento del tema de ese grupo milagroso que apadrinó Ignacio Sánchez Mejías, el torero ilustrado, banderillero de Joselito, con cuya viuda, Encarnación López Júlvez, la Argentinita se casó. Encarnación es también plena generación del 27, en otra vertiente. Y quizá la mujer más trágica y  desafortunada del siglo XX   español. El toro mató a los dos hombres que más amó,  José  e  Ignacio. Y el toro negro de la incivil guerra de España se llevó por delante a Federico, su numen   Garrigues me habla de Pepin Bello al que el pintor Caneja adoraba desde la Residencia. Nunca escribió una línea y ha pasado a la posteridad como otro 27 más entre los cuales oficiaba de árbitro e inspirador. Pepín Bello era un genio. Lo decía Caneja y es sabido que lo dicho por Caneja iba a misa, aunque jamás pisó una iglesia.

lunes, 14 de agosto de 2017

CANCIONES PARA DESPUES DE UNA GUERRA


      No hay historias secretas.

Las historias secretas de Terele Pávez ya no son secretas, no lo fueron nunca. Y no voy a contar yo ahora las noches en los Cafés Teatro de entonces cuando Paco López Barrios se vengaba de que no le estrenaban sus obras orinándose sobre el público y Terele le aplaudía.

No hay historias secretas pero hay historias singulares que conviene divulgar. Por ejemplo, la noche en que Basilio Martín Patino, fallecido también este aciago fin de semana,  proyectó en el salón de actos del periódico Arriba su película Canciones para después de una guerra. Pedro Crespo, crítico de cine del citado diario, le había hecho una crítica muy favorable, que fue agriamente descalificada por Antonio Gibello, director de El Alcázar. Para dirimir la  cuestión Patino  invitó a las redacciones de ambos periódicos a presenciar la película que, en líneas generales, fue muy  bien acogida. Gibello se presentó vestido de camisa azul dispuesto a armar la bronca y al final no sabía qué hacer, porque en realidad la excelente película de Patino,  felicitado por los redactores efusivamente no era para tanto; la película  mostraba la España postrada de la posguerra, la España del hambre y las miserias.

Inicio diálogo María Casares/Albert Camus.

Estreno en Otoño, por Sabela Hermida como María  Casares.

Camus.- (Seductor). Eres una mujer muy bella

María Casares.- (Y…?

Camus.- Nada, que eres una mujer muy bella.

Maria Casares.- Sólo eso?. Soy española, francesa, desterrada, republicana, antifascista y  actriz.

Camus.-Por este orden?.

María Casares.- Por el orden que quieras. El resultado es el mismo: María Casares, la hija de Casares Quiroga. Sé que mi carnet me avala. Soy una privilegiada.

Camús- (galanteador, seductor). Eres muy bella.

María Casares.-  ¿Y…? De qué color son mis ojos?

Camus.- (No sabe qué responder).

Maria Casares.- (Sonrie irónica. Vuelve a los periódicos españoles que dicen pestes de su padre. Por ejemplo, “Indigno de figurar en el Registro Oficial de Nacimientos, propio de seres humanos, no de alimañas”.

 

martes, 8 de agosto de 2017

AMBIGÚ TEATRO KAMIKAZE


Qué es verdaderamente  un ambigú.
Vuelvo al teatro en el punto y hora  en que hace  dos meses, más o menos,   lo dejé; el Pavónkamikaze. Julio ha sido un mes horribilis. Vuelvo con toda la parafernalia  de que me gusta adornarme en estas procesiones; la silla de ruedas (transitoria) para mis putas piernas. Vuelvo  por Antigona,  parafraseando a Picasso cuando dijo, “vuelvo a los toros, por ti Luis Miguel”. 

Un ambigú es un mostrador donde se exponen y se venden vinos, licores, verduras, bocadillos de queso o de jamón o mortadela y otros productos  alimenticios. Lo sé porque en mi casa  teníamos una taberna con un salón de baile donde mozos y mozas bailaban el pasadoble y, tan pronto veían la ocasión, el agarrao más íntimo y sudoroso.  Y teníamos un ambigú, claro. De vez en cuando los mozos, por no perder de vista ni de mano la cintura y el culo de la moza, me decían vete al ambigú y me traes una cerveza. Las chicas bebían solo fanta. Así que este del Pavón no es mi ambigú, aunque lo tenga por  lugar sagrado del teatro de Madrid, el santa santorum.

 El ambigú es para mi, el lugar legendario de mi infancia cerca del cual mi madre, una campesina que apenas  sabia escribir,  pero sabía leer, ensayaba comedias y siempre me daba un papelilo.  Los decorados eran colchas estampadas y sábanas inmaculadamente blancas. Una vez hice de San Tarsicio y mi papal empezaba así: “el edicto infame de persecución contra los cristianos….”

El Ambigú del Kamikaze lo recordaré siempre por Ana Wagener y Cocteau; por Clara Sánchiz y Virginia Woolf, por Fernanda Orazi, por las crónicas de José Padilla, supongo, que veré cuando las repongan. Pero el Ambigú será siempre, por los siglos de los siglos, Ifhigenia en Vallecas, de Maria Hervás que también está en lo de Padilla; Desafiando al público, “vosotros ahí,  mirándome el culo,  yo aquí”.  Y luego, “follar y tirar, follar y tirar”, la más brutal   denuncia que una vestal sacrificada ha hecho en un escenario  sobre la cosificación sexual de la mujer.

Amo el Ambgú y solo volveré a sentirme  pleno cuando pueda volver a él,  a hombros de Ana, Yolanda, Elejalde, Pablo Giraldo, Miguel del Arco y alguna actriz  que se conmueva con el  puto sacro de mis desventuras. De momento, mañana  me sentaré en el Pavon para ver Antígona y a Manuela Paso  y a Carmen Machi, la Jefa que yo la llamo porque ella siempre me llama el Jefe. Y a Raúl Prieto, al que ya le hemos perdonado su  Calixto porque la culpa no era de él.

 Y a quienes me reprochan frialdad o despego sobre el último  Miguel del Arco, les recuerdo que ha sido el único español al que le puse dos veces la máxima calificación de cinco estrellas, obra maestra.  Y  además, que coño; “nadie es sublime sin interrupción”

 

domingo, 6 de agosto de 2017

MARYLIN SOLO QUERIA SER AMADA


Aquel aciago dia.
 5 de agosto de 1960 y estallaron todas las constelaciones, se rompieron las cenizas de una mujer que solo quiso ser amada.  Marylin Monroe. Un ser precario, cuya iluminación generaba un mundo de sombras luminosas en su derredor. La luz siempre aparece al fondo de la oscuridad para encontrase a sí  misma; un ser rompedizo que había tenido que bailar el vals de las flores sobre huracanes y tormentas. 5 de agosto, ¿accidente, suicidio, asesinato?. 

La convirtieron en un símbolo sexual, mientras solo quería ser un símbolo de amor, un mar de amor,  olas azules y verdes,  orfebrería líquida y cenefa de espuma sobre la arena. Marylin, Norma Jean para los pocos que la amaron. Fue más deseada, abusada, delirada en fantasías de lecho y harén que en realidades de amor;  Sherezade que nunca pudo relatar su verdadero cuento. Y un tórrido Happy Byrtday tu you, posiblemente gélido en el alma, que marcó su vida para siempre como amante de Jhon Kennedy, “ve preparando el martini y quitándote las bragas, voy para allá”.          Bailó, entre  huracanes,   valses de flores, bailó sobre volcanes en erupción y, al final,  las comadres  de Hollywood, las zorras que la odiaban -zorras por un papel secundario en una película de segunda-  hubieron de inclinarse ante su adorable belleza y su talento. Y ante las casas productoras.

En la sonrisa de arcoíris de Marylin, siempre hay una dulce mueca de desdén que el cinismo cosmopolita de Truman Capote  entendió mejor que nadie.  “Truman, ¿dirías que soy estúpida?”. Truman, “sí”. Marylin, “Y nada más?...Truman: “Bueno…Y adorable”

  “No me importa el dinero, solo quiero ser maravillosa”.

 Deslumbró las sombras de la noche, apagó las estrellas del cielo y prendió luciérnagas en su pelo rubio. El carmin de sus  labios era  sangre  arrancada  a mordicos,  su beso podía ser sangre tenida de blanco por Andy Warhol.

 Un mar de amor y desamor. Eran besos malditos, mordiscos con los que arrancar la suciedad de los labios de los hombres. Hasta que fue libre y alzó su imperio y su conquista. Brisa que sabía de promesa incumplidas y engañosas. La belleza maldita, la poética de  barrio que acaso solo adivinó el hombre qu de verdad la amó, Joe de Magio,  el atleta. La belleza maldita. Después de tantos hombres  alguien le preguntó. ¿Lesbiana. Se encogio de hombros. “Si hay amor por medio, todo es lícito”.

Hasta Arthur Miller, el hondo intelectual irreprochable y comunista, la vampirizó cuando Marylin ya era el mito. Marylin ya era Marylin y  le salvó de la caza de brujas;  nadie se atrevió a condenarle gracias al poder de Marylin, que  había superado todas las barreras menos la de si misma y su propio desorden En la crepuscular película de Jhon Houston,  Vidas Rebeldes  con Clark  Gable y el atormentado Montgomey Clif, todos sentenciados, Miller era el guionista. Las fotos  del rodaje apenas captan  miradas efímeras y distantes. Consumación de la traición de un genio del teatro, seguramente,  que tampoco  hizo feliz  a Marylin.. Miller o la tragedia moderna…La de cada dia.

En su pbra En el cielo no hay Chanel, Alfredo Amestoy, manda a la tierra a Marylin y a CheGuevara, para que consumen, juntos o por separado, la revolución que dejaron inconclusa. Animo a Alfredo a que escriba una obra sobre los resultados de la excursión.

viernes, 4 de agosto de 2017

RECUERDO DE MARIA CASARES


Casares y Albert Camus

Sabela Hermida,  biógrafa de Maria Casares sobre la que hizo su tesis doctoral, me pide que escriba un diálogo entre Maria Casares  y Albert Camus, el Premio Nobel de Literatura,  con el que la actriz gallega compartió momentos importantes de su vida. Me dice que  piense en una posible actriz y un posible actor, aunque sospecho que Sabela  puede tenerlos más  claros.  España es país de actrices y encontrar una que encarne a María Casares no debe ser problema.  En actores tampoco debe haberlo. Conozco alguno próximo al universo camusiano,  que tiene el perfil perfecto. No adelanto nombres para que no haya  un malentendido.

La propuesta de Sabela  es atrayente y pretende estrenarlo en  Otoño. Aunque se estrene en la Coruña, su posterior destino es Madrid y el resto de España.     De hecho, ese diálogo yo debiera tenerlo  escrito ya. Sabela me lo encargó hace unos meses, pero cierta pereza intelectual  me  ha tenido frenado.  

Sé cómo empezar este Diálogo, pero ignoro cómo acabarlo, aunque algo me está dando vueltas en la cabeza: una escena partisana genuina. De madrugada, María Casares se despide de Albert que marcha a matar alemanes y le canta  Bella Ciao, Bella Ciao, Bella Ciao, Ciao, Ciao,  si muero en la batalla, Bella Ciao, Ciao Ciao, pon flores donde caí. Se me ocurre la primera frase, sacada de Calígula; “Los hombres mueren y no son felices”.   Sería un buen final.

 Camus era un seductor y Maria una seductora. Los pintores españoles que vivían en París, sobre todo Paco Alcaraz, almeriense como la madre de Camús, me han transmitido  una imagen  que voy a  explotar al máximo en este diálogo; fascinación de la mirada. Y la palabra, con la que seducía. Era un dandi,  lo cual lleva implícito el desplante torero de jugarse vida, ideas  y sentimientos a cada momento.

 Personaje fascinante es también el juez penitente de La caída,  que se había acostado con las mujeres  de todos sus amigos y, sin embargo, afirmaba no haber engañado   a ninguno; antes de acostarse con sus  mujeres rompía la amistad.  María Casares, era  hija de Casares Quiroga, último presidente del Gobierno Republicano,  otro  dandi, un galleguista ilustrado. En cualquier caso,  el último jefe de gobierno de una República contra la que se alzó el fascismo franquista. Camus, de madre española almeriense,  adoraba a su “suegro”, no  solo a través de la verdad inducida de María, sino a través de la verdad de España.

María no fue  mujer de Camus que   no tuvo mujer, sino mujeres. María no tuvo un hombre sino hombres. Creo que a Albert Camus y a  María Casares les unían además, y con más fuerza posiblemente, otras cosas; La resistencia   antinazi, la República, España. El teatro fue su punto de encuentro, el Aleph que lo unió todo.  Cuando en el 45 España fue admitida en la Onu, Camús puso el grito en el cielo. Le contestaron  que también había otros países no democráticos. A lo que Camús respondió: “que haya una puta en la familia no justifica que tenga que haber más”.

sábado, 1 de julio de 2017

CARTA DE LA ALFARERA PRODIGIOSA


He recibido carta de la Alfarera Prodigiosa que al principio tomé por apócrifa y quizá lo sea. Le gustaban estos juegos a mi amiga la Alfarera, y le gustaba tildarme de visionario. Vaticiné alguno de sus éxitos como ceramista  trotamundos por esos mundos del diablo por los que la Alfarera se pierde de vez en cuando. Tiene la Alfarera un raro carisma para aparecer en el momento en que los amigos necesitan el bálsamo de su sonrisa triste.
 Hace un año me mandaba una carta escrita a mano en la que me decía, como conclusión: "si ves algún borrón en esta carta, alguna palabra ilegible y difusa no pienses que  es la tinta que escapa de mi pluma, sino una lágrima que se ha fugado de mis ojos donde tanto tiempo la he tenido cautiva".
 Esa poetización de los borrones la aprendí de ti, pero no pienses  que me crei los 27  que venían en una de tus cartas. Demasiadas lágrimas para una un Alfarera que, prodigiosa o no, modelaba sus alfarerías  a imagen y semejanza suya.
Te gustaba mi culo que era y sigue siendo perfecto. me calificas de diosa con cuerpo de Venus y espuma de Boticelli.. Sigue atormentándome la belleza que, en cierta medida, siempre consideré  maldita. Hay bellezas malditas, bellezas infinitas obligadas a pedir perdón por ello, me dijiste un dia. Que se jodan, no tengo que pedir perdón por nada. Mi culo es mio y hasta una colección de copas de cerámica que estoy diseñando para un magnate griego tienen el modelo de mi culo. Te regalaré dos (que pagará el griego a precio de oro), para  que te hagas ilusiones.
Me informo del teatro de Madrid a través de tus crónicas de el Mundo y sé por ellas que han abierto un teatro de vanguardia que se llama Kamikaze. Y te gustó mucho una actriz que se llama Ana Wagener y no conozco de nada y una obra titulada Iphigenia en Vallecas. Conozco, como sabes muy bien, el mito de Efigenia, pero no acabo de encajar en Vallecas una virgen sacrificada por el cabrón de su padre. Si la interpretación de María Hervás es tan buena como escribías, te exijo que me consigas una representación para mí y los amigos que elijamos. Entre ellos el griego y su corte.
Quizá exponga en Madrid la próxima temporada. Me escribirías el texto del catálogo?. No tengo prisa, sigo trabajando dibujos, cerámicas, esculturas....y algunos autorretratos desnudos.  Te pagaré con un desnudo  tamaño natural de la Alfarera Prodigiosa. Es mi firma y mi marca. Y te la debó a ti. Mi nombre verdadero, ni en el pasaporte.
En realidad conozco las andanzas de la Alfarera más por los periódicos que por ella. Una exposición en New York, otra en Londres a las que la prensa española apenas dedicó un suelto de 15 líneas, docenas de  frágiles  figurillas Lo vendió todo, una frágiles figurillas de barro  misteriosamente traslúcido que bien podían pasar por  por figuras de Modigliani


EL Cartero de Francisco Vighy

Mi padre era cartero peatón de Carrión de los Condes a Torre de los Molinos. Y yo en verano, siendo un chaval,  heredaba la valija e iba hasta  una finca llamada Macintos, una gran dehesa de cultivos. No era el cartero de Neruda, pero era el cartero de Francisco Vighi, excelente poeta vanguardista y a la vez hondo sonetistas amigo de Ramón y, miembro de la tertulia del Pombo.  Vighi  estaba casado con Julia Arroyo, familia ilustre de Palencia, de los Arroyos de toda la vida, dueña de una parte importante de Macintos. A ella se debe que conozcamos los versos de Vighi que fue recogiendo de aquí y allá hasta formar un volumen que tituló Versos Viejos.

 Cartas clandestinas
Yo repartía cartas, pero  lo que  verdaderamente me ha gustado siempre es escribir cartas de amor; propias o por encargo. Hace unas semanas, apareció por mi casa una vieja amiga, Marili,  que me hacía de celestina con mi novia de entonces, hace 40 años,  y mi mujer de hoy. Vivíamos un amor tórrido y clandestino   y en verano la única forma de trasmitirselo era enviarle cartas a su amiga con la que veraneaba en un pueblo de Castilla.

Después de estas cartas, las que más me gustaba escribir era la de los soldados en la mili. Si sabían escribir les dictaba el texto. Y si no,  se las escribía yo, cambiando la letra, pues algunos eran del mismo pueblo y no era cosa de que descubrieran la misma mano en todas ellas pues en la mili  tratábamos  de enseñar a escribir y leer a quien había llegado analfabeto del pueblo. “ Ponle cosas bonitas  que  parezcan mias”, me decían.
 El privilegio de una amiga inventada.
Con las cartas que más he disfrutado son con las que me pedía una amiga cuando la abandonaba algún amante. Estaba familiarizada con la jerga de la farándula porque había tenido un novio actor y yo le preguntaba, ¿cartas de  verdad o de atrezzo?. Las de atrezzo me salían bordadas. Pero a ella le gustaban más las “verdaderas”.  Da igual; en el fondo quizá algunas alcanzaran el nivel de Cartas a una amiga inventada, de Saint Exupery. O,  al menos, eso creía ella.  Me encanta el lenguaje epistolar, a mano, a pluma y tinta, nunca a bolígrafo. Siempre que alguien me lo pida.

 

 

martes, 20 de junio de 2017

LOS OTROS GONDRAS


                    La popularidad de Borja en el Gijón 

                     Creí que el más famoso del Café de Gijón era yo,  habitante de sus espejos casi medio siglo. Alli bebí  parte de mi vida de crápula inocente y provinciano, en compañía de  Francisco Umbral a palo seco, y con Paco Rabal a torrentes de guisqui. Pepe Lucas era otro asíduo de mi vida. Como siempre me invitaba el “sobrino” de Buñuel, yo tomaba vino para no abusar. Pero el otro dia pude comprobar que Borja Ortiz de Gondra, un neófito en aventuras gijonescas, era más conocido que yo. En el transcurso del almuerzo cinco o seis personas se acercaron a la mesa a pedirle autógrafos y a comentarle su obra Los Gondra, en la que Borja hacía de sí mismo.

Cuando la gente interrumpe un almuerzo personal y privado para hablar de teatro es buena señal. Este país acabará funcionando si se aficiona al teatro; y si además es capaz de  reflexionar sobre la afición que tenemos en España a matarnos, cada 30 años más o menos, funcionará mejor.

Borja es de Algorta, de la familia de los Gondra de toda la vida. En su primera juventud, ahora está en la segunda, tuvo que salir de su pueblo y marcharse por los caminos del  mundo porque entonces los vascos de Algorta no toleraban las heterodoxias. La obra Los Gondra no es  piadosa con Algorta,  pero en ella se reconoce un personaje que nunca dejó de amar a su pueblo y de ser vasco; y euskaldun casi a la perfección. Ahora le han reconocido sus méritos dándole un “Premio a su trayectoria”, lo que equivale a nombrarle hijo predilecto o  algo así. En Algorta van a construir un teatro importante que será asombro de Euskalerría. No estaría mal que en él se estrenaran las obras de Borja Ortiz e incluso que lo inauguraran con la obra en que está empezando a trabajar ahora, Los otros Gondra; con   dos pares y a la vasca.  A pesar de su éxito, con la dirección de Josep María Mestre y un formidable reparto sin excepción, Los Gondra ha encallado por cuestiones burocráticas ministeriales y su destino no se ve nada claro. En ocasiones, por las calles de Lavapiés me encuentro a gente del reparto, en el Café Barbieri, Café de los Espejos. Se  les nota la añoranza. Lástima que una de las mejores obras de la temporada solo la hayamos visto en Madrid. El Foro sigue siendo el Foro.

La incógnita de la Alfarera Prodigiosa.
Borja me pregunta por  la Alfarera Prodigiosa. Sigue convencido de que es un ser real, no se cree que sea un personaje de mi  invención.   Mi personaje se esfumó hace meses camino de las Islas Polinesias ignoro con qué intención. Como personaje adquirió  plena autonomía y desde entonces se me ha ido de las manos.   

miércoles, 31 de mayo de 2017

ESCAPARATE LIBRERIA (I). Y JUEGOS ACTRICES.


Escaparate de librería (I)

              Vuelavoz.- Autor, Alvaro Tato. Edit. Poesia Hiperión. 93 pags.             Alvaro Tato es actor del  grupo Ron La La, artífice  de buena parte de   sus  textos, autor y poeta. Es un elemento activo y poliédrico de la cultura española. Para la CNTC ha hecho varias versiones del Siglo de Oro. Con Vuelavoz retorna al verso, con el que empezó en Hiperión, una de sus principales señas de identidad.


Bikinis, fútbol y Rokcandroll. Autor, Adrian Vogel. Edit Foca. Akal. 478 páginas.  Crónica social, sentimental y política desde mediados de siglo XX. Amplia perspectiva sobre hechos y personas, anónimas o conocidas, que cambiaron el mundo y nos enseñaron a verlo de otra manera. Una conciencia que agitó el tardofranquismo y cuya influencia se  analiza en términos emocionales y económicos.


Cómicos!! ¡!Máquinas!!. 376 páginas. Autor, Álvaro de Orriols. Publicaciones ADE. Edicion de Antonio Espejo.  Dos textos de un autor casi desconocido y marginado. Su obra tuvo su mejor momento en la II República. Es un autor (1894-1976) preocupado por la defensa de los valores tanto artísticos como sociales de la época, antifascismo, respuesta teatral a los nazismos. De imprescindible lectura y, mejor aún, de  necesaria representación. Es un espacio de sombra en la memoria de nuestro teatro contemporáneo.


La interpretación operística. Autora, Susana Egea. Edit ADE. 295 páginas. Estudio riguroso  sobre los procedimientos  de la representación musical a través de grandes teóricos. El subtítulo da una idea de la magnitud de empeño; Stanislavski, Mejerhold y Chaoapín. Otra aportación de ADE a la historia del teatro. Muchas apreciaciones sobre la Opera  son aplicables al teatro en general.

Taurocultura. Autor, Enrique Amat. Edit Avance Taurino. Valencia. Un recorrido por el círculo mágico de la cultura y la tauromaquia; la influencia de esta en la pintura, la poesía, el cine, el teatro y las demás artes. Libro escrito con pasión y rigor. Sin sectarismos ni exclusiones. Con especial atención al  lenguaje taurino que impregna los usos y la convivencia diaria de la sociedad española.
 

En busca de un tiempo que no existe

Son días extraños cuyo significado aún no he logrado descifrar. Dias raros; sensación de desarraigo, de no estar en una parte a la que pertenezca y estar en miles de sitios a los que no  pertenezco, un hombre deshabitado de sí mismo.

Gonzalo Santonja me encarga para el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua  y su programa Los toros a escena, que recree las últimas horas de Federico García Lorca con dos banderilleros y un maestroescuela, anarquistas los tres: Francisco Galadí,  Joaquín Arcollas y Dióscoro Galindo.    

 Escribo algunas cartas. Siempre me ha gustado escribir cartas; las hay de verdad y las hay de atrezzo, cartas de encargo como las que me pedía hace tiempo una amiga que no tenía quien la escribiera como el coronel de García Marquez. Yo era tan convincente con mis cartas  como Cyrano de Bergerac con sus versos; tanto que la amiga dejó a su teniente de la Gascuña y se aficionó al redactor de la cartas; un dia cometí una travesura que casi me cuesta su amistad. Le escribí una carta fingiendo que era una amiga  secretamente  enamorada de ella y no lo podía confesar por temor a ser rechazada.

Privilegio de tener amigas actrices

Salvo la palabra tríbada  que me sonaba de Strinberg y La noche de las tríbadas, yo desconocía  el lenguaje sáfico, pero lo aprendí y tan ardorosa la ponían esas misivas que exigió conocer a su enamorada tríbada y tuve que convencer a una actriz para que hiciera el papel. Como ésta estaba  en paro, y en trance de poner una heladería en la plaza de Lavapiés para subsistir, se lo pagué como un bolo de lujo. Aceptó encantada y luego se gastó lo del bolo  y algo más en invitarme a cenar.

Desde la mili, cuando escribía cartas  a las novias de los soldados, no había vuelto al lenguaje epistolar salvo a mi querida Alfarera cuya pista se esfumó  hace varios meses. Algo me dice que no tardaré mucho  en tener noticias de ella. La perdí de vista el año pasado, camino de la  Islas Polinesias que tanto gustaban a Gauguin, de aeropuerto en aeropuerto y aún conservaba su magnífico sentido del humor. Se tambaleaba por entonces el escaso carisma de Rajoy y la Alfarera Prodigiosa describía así su situación: “Estoy más en el aire que Rajoy” A partir de entonces, misterio. Me contó que había recibido una revelación no sé si en forma de paloma  como el Espíritu Santo o de lenguas de fuego como los apóstoles.

La Alfarera iluminada

Era otra mujer, me decía en su última carta; lo cual de un lado me llenó de júbilo pues sabía de  su disconformidad consigo misma, y por otro, me llenó de incertidumbre. Me reprochaba que persistiera en mi fascinación por la belleza física  de la mujer, cosa nada rara siendo la suya una belleza perfecta y sabiendo ella que  más que  su culo perfecto, a mí me gustaba su alma; un alma con culo, para entendernos.   Su destino había cambiado y percibí un secreto rencor contra los hombres que  la habían ultrajado por su belleza. Desde ese preciso momento  entendí   que, entregada la Alfarera a alguna causa, persona o religión  exótica y esotérica, daba por terminada  tan singular y pura amistad.

 Notaba en ella como una extraña necesidad de    expiación cuyo alcance se me escapaba, pese a estar convencido de que de tan puro y limpísimo personaje lo sabía casi todo. Confiada en mi  lealtad    esperaba que yo nunca diría ni publicaría cosas que dañaran su imagen. Como desconocía qué cosas pudieran dañar esa imagen, intachable e inmaculada, que yo tenía de  ella, le escribí un soneto de amor que no le gustó nada.

Arte: fusión de materia y espíritu.

 La Alfarera Prodigiosa no ha abandonado del todo el alfar. De vez en cuando la prensa se ha hecho  eco de alguna exposición  en  Grecia o Italia, y todo son elogios. Pero se negaba a conceder entrevistas y las exposiciones eran solo de tres o cuatro piezas que, en vez de vender, regalaba  a algún/a periodista o poeta  afortunada. Llegó un momento en que nadie quiso exponerla. Hace unos meses me mandó fotografías de sus últimas figuras: una colección de autorretratos, delicados y bellísimos; barro transparente más parecido a la porcelana y a la estética de Boticceli que a la cerámica artesanal; una fusión luminosa de la materia y el espíritu  partiendo del barro primigenio.

 No me pedía  que  le buscase  galería en Madrid porque la alfarera es demasiado orgullosa para pedir nada. Una vez sospechó que yo podía haber hecho algún manejo para conseguirle una sala en el Museo de Arte Contemporáneo, se puso hecha un basilisco y amenazó con sacarme los ojos. Fue rotunda; “tienes por amiga a una salvaje que ama únicamente su libertad”.   Después de la “conversión” polinesia, ignoro en qué habrá quedado esa idea de libertad. Y, por supuesto, no me arriesgo a preguntárselo.