martes, 26 de julio de 2016

FESTIVAL DE OLMEDO. Y OTRAS COSAS DE INTERËS


El virus de Cervantes.

Un fantasma, un virus peligroso recorre España: Cervantes, la Cervantina. Según Ron Lala. Cervantes o libertad.  Volví a caer  en esa virus que ya me había infectado  en Madrid. Y me quedé en Olmedo  expuesto otra vez  al contagio.  España, bajo esta poderosa influencia se hace más libre, más culta y  más honrada. Debiera serlo, pero no es verdad. España está podrida,  termino cervantesco que significa estar harto,  hasta la coronilla, hasta los güevos; Olmedo o  la resurrección.

 Mi paso por el Festival de Mérida fue complicado por la imprevisión y sobre todo por un nefasto Alejandro Magno. Fue una parada acaso inoportuna camino de Almada donde me esperaban los honores del premio Carlos Porto.

 Mérida fue pudo ser  mi tumba,  Almada fue la exaltación y Olmedo es la placidez de un pueblo con casas blasonadas. Una especie de resurrección. He visto cuatro funciones estupendas: la ya citada Cervantina, El burgués gentil hombre, de la inmortal Morboria. La hostelera, una versión futurista de CulturArts, El mágico prodigioso, de ElViajeEntretenido para niños.

 El baneario y el masaje tailandés.

María Diaz ha dispuesto todo para ver los espectáculos y para  la reparación de mis maltrechos huesos castigados por un verano inclemente: masaje deleitoso, relajante, regenerador, en penumbra; no es el masaje tradicional tailandés, que por otra parte, tampoco es lo que ustedes piensan. En esto de los masajes, la imaginación pervertida confunde con frecuencia la inocencia de la realidad.

El caso es que entré en Olmedo rumiando en mi cerebro una frase leida hace poco quizá en una novela   de Mary Higgnis Clark, “¿cómo  se las han arreglado dos personas tan excepcionales (mi madre Rosario y mi padre Francisco)  para concebir una criatura tan mediocre como yo?”. Y salí recitando a Manuel Machado: “Yo soy de aquellos hombres que a mi tierra vinieron, soy de la raza mora vieja amiga del sol, que todo lo ganaron y todo lo perdieron. Tengo el alma de nardo del árabe español” Acepto, una vez más, ser el sobreviviente de muchas batallas y todas perdidas. Y luego: “besos, pero no darlos,  que la vida me traiga y la vida me lleve y que nadie me obligue el  camino a seguir.” Versión gozosa del devaluado carpe diem.

Las funciones empiezan a las 23,00 horas y eso en un  balneario da para mucho.  En tres días redacto los primeros capítulos de la Serie de Verano de El Mundo, Un personaje y una actriz.  En los festivales uno se entera de muchas cosas; cotilleos, rumores, alguna maldad perfectamente calculada. Por qué falló tal espectáculo, con qué productores o productoras conviene no embarcarse, proyectos que no saldrán nunca. Esto no importa demasiado. Yo suelo hacer 100 proyectos al año y me sale uno, dos; o ninguno.

 Mein  Kampf
La gastronomía del Asador, El Caballero de Olmedo, al lado del  balneario, no me permite arrancar de nuevo con Lager, el monólogo de Awsvitz. Tengo en mis manos  Mein Kampf  y me produce náuseas No merece la pena estropear por Hitler la perspectiva de un lechazo.

 A la entrada de la corrala me saludan unos aficionados a los toros que  me instan a volver a la crónica taurina. No los reconozco, no recuerdo quienes son, pero María Diaz se asombra. Y aprovecha para ligarme a un proyecto muy interesante sobre Maribel Atienza, la torera de la trenza,  que acabó aburrida de tanto machismo cafre.  La única vez que logré meter a Paco Umbral en las Ventas se cabreó, “vámonos, aquí solo te conocen a ti”. Iba, por supuesto,  de broma, pero con un fondo de verdad: el ego de Paco Umbral. Todo el que se dedica a una actividad pública tiene un ego, por supuesto; sin él no pintaría, no se subiría a un escenario, no escribiría. Sobre todo, no escribiría en un periódico. En un periódico, y más en el Mundo, tienes noticia de que te ha abandonado un lector y te suicidas. O te mata el redactor jefe.

 A vueltas con Los Gondra.

Aunque en teatro no hay nada matemático, Borja, Josep María Mestres y todo el CDN, se deprimirían si Los Gondra, Una historia Vasca, no rompiera la taquilla y tuviera encima malas críticas. Los egos van por ese lado, no hay vuelta de hoja. Mi primer libro de versos, La frente contra muro, en un periódico de la época  lo resolvieron con esta crítica: “libro lleno de defectos y sin ninguna virtud”. La crítica me la suda; pero aquella se me quedó grabada como una cicatriz en el alma. Y entonces aún no tenía ego.

Via mail, Borja  Ortiz de Gondra  me comenta encantado el tuit del Café Gijón que ha revuelto también el Cdn. Retoca Los Gondra; “podría convertirla en una novela con los nuevos datos que mi familia me está dando”. Está muy satisfecho del reparto femenino Sonsoles Benedicto, María Hervás, Solaguren.  Supongo que también del masculino. La Ainara  terrorista de María Hervás ahí está el detalle.

María Diaz es el ángel custodio de mis aventuras teatrales en Olmedo. Lo sabe todo, pero está obligada a secreto y no creo que se preste a ayudarme en el libro Mi vida de teatro.  Me lleva  a  comer lechazo tal que “solo  se puede comer en Olmedo, en el Asador” enfrente del hotel, pasada la pasarela. Veremos. En las fiestas del pueblo mi madre la señá Rosario hacía un lechazo entreasado famoso en  toda la comarca; el secreto, cazuela y horno de barro. Y un poco de agua sobre la carne con un ligerísimo  aliño. Y manojos de sarmientos  como combustible. No había bastantes rebaños para abastecer las demandas. Y como mis padres eran gente honrada, no admitían más encargos de los que podían atender. Aunque en la aldea había gente que se nos ofrecía a asar los lechazos como si fueran de nuestra casa.
30 años de Morboria.
Me ha gustado la clase magistral que hacen en El burgués gentil hombre  sobre  gastronomía, nueva cocina, y famosísimos impostores del arte de buen comer: en la línea de Boadella y Ioglars. Todos tienen muchas estrellas Michelin.

Rompedora La Hostalera, y una deliciosa Mirandolina de   Paola Batalla,  implacable vengadora de todas las mujeres. Un toque sorpresivo de Genovés: un guiño a los partisanos con la canción del guerrillero;  Bella Chiao.

Prodigioso, la redundancia es intencionada, El mágico prodigioso, de la compañía ElViajeEntrenido. Muy bello y muy musical. Júbilo  para los niños y reflexión y gozo para los mayores; poesía y magia, el mito de Fausto.   Gran belleza óptica. Quedan más cosas que contar de Olmedo. Otro dia.

Vuelvo a lo inmediato, lo urgente inmediato: Un personaje y una actriz. Están listas o casi listas,  Nuria, Concha, Blanca Portillo. Me fascina escribir de actrices. Son una fuente de conocimientos y de enigmas. Le prometo al redactor jefe  que llegaré a tiempo para completar las siete elegidas.

Vuelvo a Lawrence Durrel y  su célebre trinidad sobre lo que puede hacerse con las mujeres: “amarlas, sufrir por ellas o convertirlas en literatura”. “Durrel era un coñazo, me dice Umbral; hay más posibilidades”; pero Umbral nunca me las quiso exlicar explicar.

Nota adicional: Olmedo, los clásicos renovados. Y un pueblo entero en la fiesta del teatro: casi 8.000 espectadores

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