viernes, 4 de julio de 2014

ALMAGRO Y LOS CLÁSICOS; CRÓNICA DEL PRIMER DIA.


Todos con Julia Gutiérrez Caba.

Supongo que Julia Gutiérrez Caba, la gran matriarca dulce y persuasiva de una dinastía gloriosa, habrá sobrevivido a la tempestad de elogios sin freno ni pudor que ayer le dedicaron amigos y entusiastas en el Festival de Almagro. Murió Irene Gutiérrez Caba, la mayor, el estandarte de una estirpe; quedan Julia, su hermano Emilio y su sobrina Irene Escolar. De esta muchacha veremos prodigios; de Emilio ya los hemos visto. Temple de actriz grande de esta mujer de negro en el escenario, mientras, como una catarata destructora,  se precipitaban sobre ella los piropos de políticos y compañeros. ¡Loor a Julia! por lo que nos ha dado en teatro, televisión  y cine. Y por lo que, selectivamente, seguirá dándonos.

Esa selectividad áurea es privilegio de los elegidos. Hoy, Teresa de Jesús de la mano de otro elegido, José Luis Gómez. La lluvia impidió que el premio se entregase en La Corrala, el escenario más deseado por Julia Gutiérrez Caba. El acto y protocolo se desplazó al Teatro Municipal, una joya del XIX: una auténtica bombonera. Pero a Julia Gutiérrez Caba aún le quedaron fuerzas, entre tantas emociones, de dedicar una elegante reprimenda a los políticos: cuiden, respeten el teatro; los cómicos siempre fuimos maltratados, pero ahora más, estoy contenta con este premio y lo estaría más si el teatro no fuese una recurrencia esporádica de imagen electoral. Cosas así; a lo peor escuché todo lo que yo quería escuchar. Asumo todo esto y vuelvo a pedir, cosa que, por elegancia de espíritu, no hizo Julia Gutiérrez Caba: quiten el asesino y caníbal 21% de Iva.

La tribu periodística.

Dia de reencuentros y celebraciones de la tribu periodística. Vuelven recuerdos y aventura: Mérida, Almagro, tantos sitios, tantos estrenos. Sobremesa especialmente  intensa, encuentro fugaz y fecundo con José Luis Gómez. Teme a la muerte y le pide que, como dice José Luis Sampedro en su póstumo libro, que al menos le deje pensar. Blanca Berasátegui también la teme. Esther Alvarado no lo sé, pues se fue antes y me privó de seguir admirando la kufiya que lucía al cuello. La causa palestina fue el  compromiso de mi generación, cuando repetíamos el verso de Salim Yubran,  recordando el exterminio y el Holocausto: “hay almas de los muertos en los presidios nazis; si supierais vosotros, si supierais”. Por eso me conmueve el pañuelo palestino.

La muerte.  Yo, ex seminarista descreído y volteriano, no le tengo miedo a la parca,  mas preocupa a mucho. Nacho García Garzón pone el humor, “la muerte te deja frio”. A mi me asusta el dolor, la incapacidad para valerte por tú mismo, más que la muerte. Y más que el miedo a la incapacidad y el dolor, el miedo al dolor: el miedo a tener miedo del dolor. Nunca en los clásicos, creo, y ya que estamos en Almagro, la muerte ocurre en escena. Hay un mito de la muerte, una realidad escénica usurpada. Algo de esto saldrá a relucir estos días en las conversiones entre críticos y creadores;  el dolor, la muerte y el miedo a tener  miedo del dolor.

Como final del dia, con un frio invernal y húmedo en el Hospital de San Juan, Donde hay agravios no hay celos. Helena Pimenta en plenitud. Y un Rojas Zorrrila, calderoniano, más avanzado que el resto del Siglo de Oro, Cervantes aparte; más torpe de verso que Lope o el propio Calderón; pero más suelto de pensamiento, más “feminista”, más “liprepensador”. Y eminentemente sensorial: erotismo como forma de libertad; el sexo como complicidad  y no como dominio o sumisión. Y un esbozo rudimentario de una primaria lucha de clases. Por culpa de montajes así, terminaré gustando de los clásicos del Siglo de Oro.

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